
Cantando Bajito
Piano Pop, minimalista, balada, emocionante, rancor
Juancky·5:21

5:21
Cantando Bajito
Piano Pop, minimalista, balada, emocionante, rancor
Creator: JuanckyRelease Date: May 18, 2026
Lyrics
Las seis y descosiendo el tiempo
la casa masticando yeso.
Un vidrio atravesado en mi voz,
una lluvia suave clavándose
desde mi balcón.
El sillón conserva tu forma,
tu modo de cruzar la penumbra al pasar.
Y con el silencio sentado en mi mesa,
todavía pronuncio tu nombre
con la boca pequeña
El miedo conoce el camino
y vuelve descalzo a buscar calor.
Y algo bajo mi pecho
golpeándome toda la noche
como pájaro vivo
debajo de carbón.
Porque incluso en mitad del derrumbe
queda una lámpara ardiendo de fe.
Aunque vuelva a caer,
aunque sangre al volver,
hay una parte de mí
que no lo aprendió a romper.
Voy cruzando este frío de trenes vacíos,
de portales cerrándose lento detrás.
Y aunque el alma se astille en las curvas,
todavía me queda
la mala costumbre de respirar.
Una avenida mojada en ilusión,
paraguas que son como peces oscuros.
Entré buscando borrarme del mundo,
dejar mi vida doblada en algún arcén.
Y una voz —tan pequeña que dolía—
dijo: “hay sitio para ti todavía”.
Y la madrugada abrió una rendija
y algo dentro de mí
muy despacio,
volvió a hacerme sentir.
Cada golpe dejó su lumbre,
como la tormenta la sal en el cristal.
Y aunque la noche regrese a buscarme,
ya no pienso servirla más.
Aunque vuelva a caer,
aunque cueste volver,
un incendio escondido en mis huesos
que no sabe obedecer.
Y camino sobre mis restos
sin pedir permiso al ayer,
porque incluso la herida profunda
acaba prendiendo una luz
en mi ser.
Y si mañana las sombras me encuentran
con las manos vacías otra vez,
buscaré aire en las cortinas,
en el ruido de la calle,
en cualquier cosa pequeña
que todavía anuncie tu ser.
Aunque vuelva a caer,
aunque tiemble mi piel,
soy la rama que cruje en invierno
y aun así no se rinde en febrero.
Y aunque el corazón sangre despacio,
ya no vive arrodillado al dolor.
Aprendí entre los techos hundidos
a salvarme cantando bajito
para no despertar mi temor.
la casa masticando yeso.
Un vidrio atravesado en mi voz,
una lluvia suave clavándose
desde mi balcón.
El sillón conserva tu forma,
tu modo de cruzar la penumbra al pasar.
Y con el silencio sentado en mi mesa,
todavía pronuncio tu nombre
con la boca pequeña
El miedo conoce el camino
y vuelve descalzo a buscar calor.
Y algo bajo mi pecho
golpeándome toda la noche
como pájaro vivo
debajo de carbón.
Porque incluso en mitad del derrumbe
queda una lámpara ardiendo de fe.
Aunque vuelva a caer,
aunque sangre al volver,
hay una parte de mí
que no lo aprendió a romper.
Voy cruzando este frío de trenes vacíos,
de portales cerrándose lento detrás.
Y aunque el alma se astille en las curvas,
todavía me queda
la mala costumbre de respirar.
Una avenida mojada en ilusión,
paraguas que son como peces oscuros.
Entré buscando borrarme del mundo,
dejar mi vida doblada en algún arcén.
Y una voz —tan pequeña que dolía—
dijo: “hay sitio para ti todavía”.
Y la madrugada abrió una rendija
y algo dentro de mí
muy despacio,
volvió a hacerme sentir.
Cada golpe dejó su lumbre,
como la tormenta la sal en el cristal.
Y aunque la noche regrese a buscarme,
ya no pienso servirla más.
Aunque vuelva a caer,
aunque cueste volver,
un incendio escondido en mis huesos
que no sabe obedecer.
Y camino sobre mis restos
sin pedir permiso al ayer,
porque incluso la herida profunda
acaba prendiendo una luz
en mi ser.
Y si mañana las sombras me encuentran
con las manos vacías otra vez,
buscaré aire en las cortinas,
en el ruido de la calle,
en cualquier cosa pequeña
que todavía anuncie tu ser.
Aunque vuelva a caer,
aunque tiemble mi piel,
soy la rama que cruje en invierno
y aun así no se rinde en febrero.
Y aunque el corazón sangre despacio,
ya no vive arrodillado al dolor.
Aprendí entre los techos hundidos
a salvarme cantando bajito
para no despertar mi temor.
