
Antropoficción
rap consciencia, Boombap 84 BPM, Voz rasgada/rota y grave, entrega agresiva y escupida, susurro-gruñido en frases clave. Close-mic con respiración audible. Mezcla seca, compresión fuerte, saturación de cinta, distorsión sutil. Vibe rapero anónimo, underground, sin rostro. Sin autotune, sin voz limpia.
Carmen·3:14

3:14
Antropoficción
rap consciencia, Boombap 84 BPM, Voz rasgada/rota y grave, entrega agresiva y escupida, susurro-gruñido en frases clave. Close-mic con respiración audible. Mezcla seca, compresión fuerte, saturación de cinta, distorsión sutil. Vibe rapero anónimo, underground, sin rostro. Sin autotune, sin voz limpia.
Creator: CarmenRelease Date: May 21, 2026
Lyrics
Hay quien reniega del cielo lejano,
yo reniego del barro que piso a diario.
El hombre es un cuento sin narrador claro,
un espejo que imita, sin fondo ni faro.
Camina erguido, pero piensa torcido,
habla de amor con el odio escondido.
Se inventa virtudes, se viste de juicio,
y al juzgar a otro, se absuelve a sí mismo.
No es que no exista: lo veo en la calle,
en su doblez, en su ley que no vale.
Promete justicia con lengua de acero,
castiga al que cae, perdona al primero.
Le teme a la bestia que lleva en la boca,
sonríe de frente, pero dentro explota.
Siembra discursos, recoge escombros,
se cree conciencia, pero vive en asombro.
No creo en su pacto, ni en su redención,
no creo en su historia, ni en su evolución.
Si el hombre es la cima, yo elijo el abismo:
al menos allí, no hay falso altruismo.
Hay gente que dice que no cree en Dios,
yo no creo en el hombre: promesa sin voz.
No niego su cuerpo, ni sombra ni forma,
niego su esencia —que miente si nombra—.
Antropoficción: fe sin función,
dios disfrazado de autodestrucción.
Homo demens, raza que reza
y pisa la flor mientras pide belleza.
Manual de humanidad: máscara y mercado,
marca en la frente, moral de mercenario.
Besa la norma y, sin demora, la ha quebrado:
norma de goma, decoro de saldo.
Persona, personificación de persona,
pose que posa, postura que traiciona.
Humo humano: luz de neón que entona
“yo soy sincero” mientras su voz desentona.
Firma la paz con la palma escondida,
palma que araña la espalda amiga.
Pide justicia con cifra medida:
si es de los suyos, la culpa mitiga.
Progreso que regresa, evolución involutiva,
teje teorías para torcer la deriva.
Habla de libertad con llave exclusiva,
abre la jaula, pero cierra la salida.
No es que no hiera: hiere y lo niega,
“no fue para tanto” —la frase que entrega—.
No es poca la mancha que en su pecho brega,
no es nada, dice, mientras todo se anega.
Especie en espejismo, espejismo en especie,
se mira, se admira, se miente y se mece.
Se llama “humano”, pero el nombre no merece:
ser sin ser, serrín de la fe que enmohece.
Clava discursos de luz con tornillos de sombra,
cuando le conviene, la ley la desborda.
Cita el “bien común” en una sala alfombra,
y pisa la espiga cuando el hambre le nombra.
Si lo mejor del hombre es el traje que alquila,
prefiero el barro franco que no disimula.
No creo en su relato que cambia de esquina:
creo en la grieta honesta que al menos vacila.
Y si el coro del mundo presumiera de hermano,
que canten los hechos: yo no creo en lo humano.
yo reniego del barro que piso a diario.
El hombre es un cuento sin narrador claro,
un espejo que imita, sin fondo ni faro.
Camina erguido, pero piensa torcido,
habla de amor con el odio escondido.
Se inventa virtudes, se viste de juicio,
y al juzgar a otro, se absuelve a sí mismo.
No es que no exista: lo veo en la calle,
en su doblez, en su ley que no vale.
Promete justicia con lengua de acero,
castiga al que cae, perdona al primero.
Le teme a la bestia que lleva en la boca,
sonríe de frente, pero dentro explota.
Siembra discursos, recoge escombros,
se cree conciencia, pero vive en asombro.
No creo en su pacto, ni en su redención,
no creo en su historia, ni en su evolución.
Si el hombre es la cima, yo elijo el abismo:
al menos allí, no hay falso altruismo.
Hay gente que dice que no cree en Dios,
yo no creo en el hombre: promesa sin voz.
No niego su cuerpo, ni sombra ni forma,
niego su esencia —que miente si nombra—.
Antropoficción: fe sin función,
dios disfrazado de autodestrucción.
Homo demens, raza que reza
y pisa la flor mientras pide belleza.
Manual de humanidad: máscara y mercado,
marca en la frente, moral de mercenario.
Besa la norma y, sin demora, la ha quebrado:
norma de goma, decoro de saldo.
Persona, personificación de persona,
pose que posa, postura que traiciona.
Humo humano: luz de neón que entona
“yo soy sincero” mientras su voz desentona.
Firma la paz con la palma escondida,
palma que araña la espalda amiga.
Pide justicia con cifra medida:
si es de los suyos, la culpa mitiga.
Progreso que regresa, evolución involutiva,
teje teorías para torcer la deriva.
Habla de libertad con llave exclusiva,
abre la jaula, pero cierra la salida.
No es que no hiera: hiere y lo niega,
“no fue para tanto” —la frase que entrega—.
No es poca la mancha que en su pecho brega,
no es nada, dice, mientras todo se anega.
Especie en espejismo, espejismo en especie,
se mira, se admira, se miente y se mece.
Se llama “humano”, pero el nombre no merece:
ser sin ser, serrín de la fe que enmohece.
Clava discursos de luz con tornillos de sombra,
cuando le conviene, la ley la desborda.
Cita el “bien común” en una sala alfombra,
y pisa la espiga cuando el hambre le nombra.
Si lo mejor del hombre es el traje que alquila,
prefiero el barro franco que no disimula.
No creo en su relato que cambia de esquina:
creo en la grieta honesta que al menos vacila.
Y si el coro del mundo presumiera de hermano,
que canten los hechos: yo no creo en lo humano.
