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El Mosquito y la Tarde Torcida

El Mosquito y la Tarde Torcida

tango

gustavo pou perez·4:46

Lyrics

I

Tarde tibia de primavera,

la escuela quedaba atrás…

y el mundo abrió una grieta suave,

un susurro, un quizás.

Fue entonces que te vi, amigo,

sin saber lo que vendría,

hoy regreso entre las sombras

al primer latido aquel,

a la chispa que encendías.

II

La biblioteca del barrio,

choza pobre, templo fiel,

donde éramos tribu muda,

fuego mínimo en papel.

Me senté en la mesa larga,

seis, siete almas temblando,

y frente a mí vos, mosquito,

con tu cubo…

girando y girando.

III

Ese clac-clac de tus dedos

me picaba el corazón,

vibración nerviosa y viva,

como un tango en erupción.

Yo quería concentrarme,

pero tu ritmo atrevido

se metía en mis oídos

como un duende caprichoso

pidiendo ser atendido.

Aquí comienzan las bibliotecarias inquisidoras

IV

Y llegó la serpiente, hermano:

caderas duras, ceño gris,

pelo oscuro, gesto torcido,

y un “puff” de puro desdén, así.

A la tercera advertencia

se vino recta hacia vos…

y en la tumba del silencio

sus tacones repicaron

CLOCK… CLOCK… CLOCK…

V

“Póngase bien. Siéntese bien.

¿Y qué está haciendo usted?”

Vos, mosquito manso y firme:

“Matemáticas… nada más, ¿ves?”

Pero la dama inquisidora

no escuchó tu explicación:

“Eso no es leer, mocoso.

Fuera ya.

Sin discusión.”

VI

Tu mirada, firme y mansa.

La de ella, filo y rencor.

Y yo, con mi tarde torcida,

mordida por el temblor.

Entonces dije la mentira

más valiente que aprendí:

“Ni me dejan leer tranquila…

y si él hace matemáticas…

¿qué daño puede hacer aquí?”

Aquí se guarda la intención emocional y la postura interna

VII

La serpiente titubeaba…

pero vino otra, peor.

Dos cabezas, un veneno,

y un mismo veredicto atroz.

Los dos fuimos sentenciados,

sin defensa ni perdón.

Fuera del templo de libros,

al exilio del portón.

VIII

Cruzamos la calle juntos

como empieza una revolución.

“¿Y ahora qué hacés?”, dijiste.

Yo hervía de indignación:

“Se me ha torcido la tarde…

solo corro esta tensión.”

Y vos, mosquito valiente:

“Si corrés…

voy con vos.”

IX — CIERRE / MANIFIESTO

Y así empezó nuestra historia.

Mirá qué ironía, campeón:

tu ruido, tu pinchazo inquieto,

el desorden de tu acción…

torcieron aquella tarde, sí,

pero hicieron algo mejor:

me enderezaron la vida,

mosquito,

desde aquel primer tambor.

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