
El Mosquito y la Tarde Torcida
tango

El Mosquito y la Tarde Torcida
tango
Lyrics
I
Tarde tibia de primavera,
la escuela quedaba atrás…
y el mundo abrió una grieta suave,
un susurro, un quizás.
Fue entonces que te vi, amigo,
sin saber lo que vendría,
hoy regreso entre las sombras
al primer latido aquel,
a la chispa que encendías.
II
La biblioteca del barrio,
choza pobre, templo fiel,
donde éramos tribu muda,
fuego mínimo en papel.
Me senté en la mesa larga,
seis, siete almas temblando,
y frente a mí vos, mosquito,
con tu cubo…
girando y girando.
III
Ese clac-clac de tus dedos
me picaba el corazón,
vibración nerviosa y viva,
como un tango en erupción.
Yo quería concentrarme,
pero tu ritmo atrevido
se metía en mis oídos
como un duende caprichoso
pidiendo ser atendido.
Aquí comienzan las bibliotecarias inquisidoras
IV
Y llegó la serpiente, hermano:
caderas duras, ceño gris,
pelo oscuro, gesto torcido,
y un “puff” de puro desdén, así.
A la tercera advertencia
se vino recta hacia vos…
y en la tumba del silencio
sus tacones repicaron
CLOCK… CLOCK… CLOCK…
V
“Póngase bien. Siéntese bien.
¿Y qué está haciendo usted?”
Vos, mosquito manso y firme:
“Matemáticas… nada más, ¿ves?”
Pero la dama inquisidora
no escuchó tu explicación:
“Eso no es leer, mocoso.
Fuera ya.
Sin discusión.”
VI
Tu mirada, firme y mansa.
La de ella, filo y rencor.
Y yo, con mi tarde torcida,
mordida por el temblor.
Entonces dije la mentira
más valiente que aprendí:
“Ni me dejan leer tranquila…
y si él hace matemáticas…
¿qué daño puede hacer aquí?”
Aquí se guarda la intención emocional y la postura interna
VII
La serpiente titubeaba…
pero vino otra, peor.
Dos cabezas, un veneno,
y un mismo veredicto atroz.
Los dos fuimos sentenciados,
sin defensa ni perdón.
Fuera del templo de libros,
al exilio del portón.
VIII
Cruzamos la calle juntos
como empieza una revolución.
“¿Y ahora qué hacés?”, dijiste.
Yo hervía de indignación:
“Se me ha torcido la tarde…
solo corro esta tensión.”
Y vos, mosquito valiente:
“Si corrés…
voy con vos.”
IX — CIERRE / MANIFIESTO
Y así empezó nuestra historia.
Mirá qué ironía, campeón:
tu ruido, tu pinchazo inquieto,
el desorden de tu acción…
torcieron aquella tarde, sí,
pero hicieron algo mejor:
me enderezaron la vida,
mosquito,
desde aquel primer tambor.
