En tierra lejana, no conocida,
vimos la gracia fluir en la vida.
Los enfermos, solos, rechazados,
anhelan amor, olvidados.
Sacerdotes con la cruz en el pecho,
corazones llenos de amor perfecto.
Cuidan heridas con compasión,
sirven al mundo con devoción.
Oh Padre Camilo… ¿dónde estás?
Tu misericordia vive en paz.
Mi abuela en misa solía escuchar,
tu voz sagrada que hacía llorar.
Un joven puro, lleno de bondad,
cura el dolor con humanidad.
Es un río de gracia y de luz,
que nace profundo del corazón.
Hoy recordamos, santo de amor,
tu vida fue don del Señor.
Que nuestros hijos aprendan también,
a hacer el bien, siempre el bien.