
Fuente de los deseos
Trap erótico oscuro, lento, grave, voz rota, male vocals
Guti·3:48

3:48
Fuente de los deseos
Trap erótico oscuro, lento, grave, voz rota, male vocals
Creator: GutiRelease Date: June 1, 2025
Lyrics
[Verso 1 – El hombre y su deseo]
Él tenía treinta años,
músculos tallados por las cuestas,
piernas fuertes como columnas de mármol
y brazos que conocían el sol por dentro.
Su piel, dorada y tensa,
siempre olía a viento,
y los nudillos, duros como piedra,
acariciaban el manillar con devoción.
No era un hombre guapo,
era un hombre mitológico,
de esos que nacen de la tierra…
y aman lo que no respira.
Su bicicleta era su diosa,
de cuadro italiano y alma francesa,
roja como el vino en los labios,
brillante como un cuerpo recién salido del agua.
La cuidaba más que a sí mismo,
y cuando pedaleaba,
era como hacer el amor al aire
sin testigos.
---
[Verso 2 – La ciudad y la fuente]
La ciudad, húmeda y nocturna,
con callejones que olían a jazmín quemado,
guardaba en un parque antiguo
una fuente olvidada por el tiempo.
Era de piedra volcánica,
con relieves de ninfas y centauros,
y agua negra como espejo de luna.
Al centro, una inscripción:
“Pide… pero recuerda: el amor no es gratuito.”
Él no lo pensó.
Sacó una moneda de cobre gastado
y la lanzó con deseo primitivo:
“Quiero que mi bicicleta me ame.
Y me mire… como yo a ella.”
---
[Verso 3 – La aparición de la mujer]
El agua se estremeció.
El aire tembló.
El sonido del metal se volvió canto.
Y entonces surgió ella…
Una mujer imposible.
Piernas largas como avenidas,
muslos esculpidos como acantilados,
vientre liso como mármol al tacto.
Sus caderas ondulaban como si tuvieran engranajes,
y de su espalda aún colgaban cables rojos
como serpientes de pasión.
Su cabello era negro asfalto,
sus labios, rojo freno,
y en sus ojos ardía un velocímetro azul.
No era humana.
Era una bicicleta…
que había soñado con tener carne.
“Gracias por desearme”,
le dijo,
“pero ahora me toca a mí conducir.”
---
[Verso 4 – La transformación]
Él sonrió,
pero su cuerpo no respondió.
Primero, los pies se estiraron,
se curvaron,
se convirtieron en radios de acero.
Los brazos giraron hacia atrás,
su pecho se alargó,
el corazón se tornó eje,
y la piel… se volvió cromo.
Ella montó sobre él
con una sonrisa salvaje,
y pedaleó por la ciudad
como una diosa que recorre su templo.
---
[Coro Final – La condena]
🎶
“Quisiste que te amara,
y lo hago sin parar.
Pero el amor, si es mecánico,
no sabe cuándo frenar…”
🎶
---
[Outro – Poético, lento, sin música]
Y desde entonces…
hay quien dice que si escuchas bien,
en ciertas noches de luna llena,
una bicicleta roja cruza los callejones sola.
Y si la sigues,
puedes oírla suspirar.
Porque quien ama demasiado…
corre el riesgo de dejar de ser.
---
Él tenía treinta años,
músculos tallados por las cuestas,
piernas fuertes como columnas de mármol
y brazos que conocían el sol por dentro.
Su piel, dorada y tensa,
siempre olía a viento,
y los nudillos, duros como piedra,
acariciaban el manillar con devoción.
No era un hombre guapo,
era un hombre mitológico,
de esos que nacen de la tierra…
y aman lo que no respira.
Su bicicleta era su diosa,
de cuadro italiano y alma francesa,
roja como el vino en los labios,
brillante como un cuerpo recién salido del agua.
La cuidaba más que a sí mismo,
y cuando pedaleaba,
era como hacer el amor al aire
sin testigos.
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[Verso 2 – La ciudad y la fuente]
La ciudad, húmeda y nocturna,
con callejones que olían a jazmín quemado,
guardaba en un parque antiguo
una fuente olvidada por el tiempo.
Era de piedra volcánica,
con relieves de ninfas y centauros,
y agua negra como espejo de luna.
Al centro, una inscripción:
“Pide… pero recuerda: el amor no es gratuito.”
Él no lo pensó.
Sacó una moneda de cobre gastado
y la lanzó con deseo primitivo:
“Quiero que mi bicicleta me ame.
Y me mire… como yo a ella.”
---
[Verso 3 – La aparición de la mujer]
El agua se estremeció.
El aire tembló.
El sonido del metal se volvió canto.
Y entonces surgió ella…
Una mujer imposible.
Piernas largas como avenidas,
muslos esculpidos como acantilados,
vientre liso como mármol al tacto.
Sus caderas ondulaban como si tuvieran engranajes,
y de su espalda aún colgaban cables rojos
como serpientes de pasión.
Su cabello era negro asfalto,
sus labios, rojo freno,
y en sus ojos ardía un velocímetro azul.
No era humana.
Era una bicicleta…
que había soñado con tener carne.
“Gracias por desearme”,
le dijo,
“pero ahora me toca a mí conducir.”
---
[Verso 4 – La transformación]
Él sonrió,
pero su cuerpo no respondió.
Primero, los pies se estiraron,
se curvaron,
se convirtieron en radios de acero.
Los brazos giraron hacia atrás,
su pecho se alargó,
el corazón se tornó eje,
y la piel… se volvió cromo.
Ella montó sobre él
con una sonrisa salvaje,
y pedaleó por la ciudad
como una diosa que recorre su templo.
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[Coro Final – La condena]
🎶
“Quisiste que te amara,
y lo hago sin parar.
Pero el amor, si es mecánico,
no sabe cuándo frenar…”
🎶
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[Outro – Poético, lento, sin música]
Y desde entonces…
hay quien dice que si escuchas bien,
en ciertas noches de luna llena,
una bicicleta roja cruza los callejones sola.
Y si la sigues,
puedes oírla suspirar.
Porque quien ama demasiado…
corre el riesgo de dejar de ser.
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